lunes, 27 de agosto de 2012

 Foto de J. Guerrero Linares

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salime al campo, ví que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día

Entré en mi casa, ví que amancillada
de anciana habitación era despojos;
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Quevedo

La historia siempre se repite...

viernes, 17 de agosto de 2012

Apenas se conservan poemas de Hipólita de Narváez, tan solo cuatro. A pesar de la escasa obra que ha llegado hasta nuestros días, considero a esta poetisa como una de las más grandes. Aquí os dejo dos de sus sonetos.


Engañó el navegante a la sirena,
el dulce canto en blanda cera roto;
y ayudado del santo, su devoto,
el cautivo huyó de la cadena.

De la serpiente que en la selva suena,
la virgen se libró con alboroto,
y de las ondas se escapó el piloto
haciendo remo el brazo, nao la entena.

Yo, fuerte, presa tímida, constante,
venzo sirenas, sierpes, ondas, hierro,
y sola muero a manos de mi daño.

Virgen, piloto, esclavo, navegante,
ven, libres, que no importa a mi destierro
voto, temor, necesidad, engaño.



Leandro rompe, con gallardo intento,
el mar confuso, que soberbio brama;
y el cielo, entre relámpagos, derrama
espesa lluvia con furor violento.

Sopla con fuerza el animoso viento,
triste de aquel que es desdichado y ama,
al fin al agua ríndese la llama,
y a la inclemente furia el sufrimiento.

Mas, ¡oh felice amante!, pues al puerto
llegaste deseado de ti tanto,
aunque con cuerpo muerto y gloria incierta.

Y desdichada yo, quien mar incierto,
muriendo entre las aguas de mi llanto,
aún no espero tal bien después de muerta.

martes, 14 de agosto de 2012

Todo es igual y diferente en todas partes. Cambia el espacio, las montañas o la ausencia de montañas, el mar o la ausencia del mar, paisajes que no te los crees, personas, con la dificultad de ser persona cuando realmente no se sabe que es una persona. Pero al fin y al cabo sigue siendo lo mismo, porque tu sigues siendo el mismo. La ciudad de Kavafis, esa que siempre te acompaña.

La ciudad
Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".
No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.

Constantino Cavafis

lunes, 13 de agosto de 2012


Fuése mi sol y vino la tormenta,
que yo no espero de su ausencia menos,
y el cielo turquesado sus serenos
ojos cubrió, obligado de la afrenta.

            Un acento tristísimo revienta
entre los vientos de tinieblas llenos;
tiemblan las nubes con los roncos truenos,
arden los campos, el temor se aumenta.

            Salió mi sol y de dorados jaspes
vistió su oriente, y de esmeraldas finas
los altos montes y las llanas tierras;

            bordó las vagas nubes de giraspes,
sudaron rubias mieles las encinas
y blanca leche las azules tierras.

Hipólita de Narváez

Hay algo que se esconde más allá de la ausencia y la presencia de lo queremos.





“Toda la ansiedad que llevamos con nosotros, nuestros sueños frustrados, la incomprensible crueldad, nuestro temor a la extinción, la dolorosa mirada interior a nuestra condición terrenal, han erosionado lentamente nuestra esperanza y cualquier salvación. El bramido de nuestra fe y la duda contra la oscuridad y el silencio es una de las pruebas más terribles de nuestro abandono y de nuestro aterrorizado e indescriptible conocimiento”

Persona de Ingmar Bergman

Desde hace algún tiempo la idea de crear un espacio como este me ha ido persiguiendo. Más que nunca, la literatura, el cine y la cultura en general son necesarias para afrontar ese vacío. He aquí el origen de estas nanas...